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04-08-2018 Comentar

Un título del portal de Clarín informaba ayer: “Explosión en una escuela: hallaron abierta la perilla de una hornalla”. Es la versión del universo que se comunica con los cuadernos voladores. Ni siquiera cuadernos: las fotocopias, porque lo cuadernos fueron. 





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La mañosa versión de la realidad que se escribe en los medios oficialistas y en los laboratorios de los servicios de inteligencia viene anunciando que se acaban las desgracias en esa versión de la realidad, donde la única gran noticia sería el triunfo de la Justicia contra la supuesta corrupción, única posible y existente, que para ellos es la de la década pasada.  El ataque masivo al portal de internet de las Abuelas al mismo tiempo que daban la conferencia de prensa para anunciar la 128° recuperación de un nieto apropiado durante la dictadura representa la misma dualidad que busca esconder hechos para promover otros artificiales. La insistencia de los medios oficialistas en que Santiago Maldonado murió ahogado en el río Chubut se entrelaza con la agresión contra la sala donde se presentaba la película de Tristán Bauer que expone las mentiras que se difundieron, se pregunta por qué y subraya que nada está claro.

Son mundos compartimentados en el día a día pero que, esporádicamente, se invaden a veces por los golpes de la realidad, o por la fuerza de una campaña. Las muertes de la docente Sandra Calamano y del auxiliar Rubén Rodríguez por un escape de gas en la escuela 49 de Moreno conmovió a la comunidad, fue un golpe terrible de la realidad que perforó el relato del oficialismo sobre la pereza de los maestros argentinos a los que presenta como inútiles y haraganes.

El impacto del hecho trágico reveló a Sandra y Rubén como los protagonistas de una épica desinteresada y oculta, una épica solidaria que el neoliberalismo oculta detrás del discurso mezquino y engañador del “a mí nadie me regaló nada, todo lo hice trabajando”. Sandra y Rubén trabajaban para “regalar” algo a otros, que es el tejido de lo humano en un modelo de sociedad que se contrapone con el mundo del egoísmo neoliberal. Y la mayoría de las veces se trata de un egoísmo tonto porque lo practican víctimas de ese modelo.

Sandra y Rubén trabajaban a veces los sábados, fuera de horario, para preservar la orquesta de chicos y a veces estaban muy temprano todos los días para que los pibes tuvieran su desayuno y las aulas calientes, a contrapelo de un Estado que se los privaba. Pero el título de Clarín se adelantaba a cualquier peritaje y sugería que habían muerto por su propio descuido: habían dejado abierta la perilla de una hornalla.


Página 12


medios alternativos, medios hegemónicos, Sandra Calamano

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