Las experiencias en el mundo y el proyecto argentino, pionero en Latinoamérica

Política

Cohousing criollo: viviendas colaborativas para "viejenials"

18-07-2021 Comentar
Un anuncio reciente puso el foco un tema que no estaba instalado en la agenda pública, pero que sin embargo ocupa un horizonte de preocupación muy transversal. Se trata del plan de viviendas colaborativas para adultos mayores que llevarán adelante el Pami y el Ministerio de Hábitat, el programa Casa Propia - Casa Activa.
Por Karina Micheletto









                                   Tres Páginas

 

Lo muy novedoso de esta política pública (tanto, que se presenta como pionera en Latinoamérica) es que no solo responde al problema de acceso a la vivienda, en este caso para los mayores de 60 (hay más de 800 mil que son inquilinos en esta franja etaria en el país). Encara, sobre todo, un nuevo concepto de vejez activa y desarrollo en comunidad. El cohousing criollo da respuesta a una necesidad totalmente descubierta en la actualidad, cuando las residencias y geriátricos están preparados exclusivamente para adultos mayores con altos grados de dependencia, y no para gente que entra en otra etapa de la vida, pero que no perdió mayor autonomía y sigue realizando actividades. Lo emprende, también novedosamente, el Estado.



  El proyecto

El plan prevé la construcción en diferentes municipios de cien complejos de vivienda, con monoambientes y departamentos para dos personas, que serán propiedad de municipios y provincias y se adjudicarán novedosamente en comodato a adultos mayores que no tengan vivienda propia. Lo diferencial también serán los espacios comunes: biblioteca, jardín, lugar de parrillas, gimnasio, pileta. Cada uno alojará, además, un centro de día del Pami, que atenderá a toda la comunidad del lugar y multiplicará estos espacios de la obra social: de 40 que tiene actualmente, pasará a tener cien más. 


A la solución habitacional se suma aquí esa "estética de la existencia" que Ricardo Iacub, profesor titular de Psicología de la Vejez en la UBA, plantea citando a Foucault: "Puede haber un sueño bello en esta vivienda colaborativa, el de una opción de vida colectiva para la última etapa de tu vida. Un lugar donde puedas arbitrar tu vida entre lo propio y lo de todos, sin tener que caer en una inclusión totalizante como la de un geriátrico. Cerrar la puerta y quedarte en su casa, o abrirla y sumarte a otro espacio, es decisión de cada uno". 

El cambio de perspectiva hoy se impone por su propio peso: Se calcula que para 2050 el mundo tendrá el 22 por ciento de su población mayor de 60 años, el doble de lo que tenía en 2000. La experiencia de la pandemia y el modo en que se transitaron las soledades resignifica estas cifras. 



En el mundo

La idea de cohousing surgió en Dinamarca y Holanda en los 70, en un principio como proyectos de parejas jóvenes que se asociaban en la construcción de condominios con áreas de juegos y espacios comunes que favorecieran la "crianza en tribu". Ya como senior cohousing, ligada a la tercera edad, se extendió en Europa (España y Suecia en especial), en emprendimientos públicos o inciativas privadas entre conocidos, en su mayoría en pueblos pequeños o suburbios de grandes ciudades. En Estados Unidos llegaron a alcanzar grandes dimensiones. El caso extremo, puntualiza Iacub, es el de Sun City, una ciudad entera pensada para los viejos cerca de Las Vegas. "Dar algo más que una casa y una silla para esperar el momento de la muerte" fue la premisa de Del Webb, el consorcio fundador. 

"A los ojos del mundo latino y su idiosincracia estos proyectos fueron criticados, se los acusó de generar guetos. Pesaba la idea de no sacar a las personas de sus comunidades, del lugar donde vivieron siempre. Pero si la única opción termina siendo la residencia geriátrica, o una mudanza inconsulta con los hijos, o quedarse en casas que ya no se pueden mantener y se vienen abajo, termina siendo más limitante", analiza el psicólogo.  



En la Argentina

En la Argentina hay poco cohousing, algunos proyectos han surgido desde la comunidad judía, como la Asociación Mutual Vidalinda, un edificio de quince pisos con grandes espacios comunes en el barrio de Belgrano que siempre tiene listas de espera. Otro modelo es el de residencias de larga estadía que suman departamentos aparte, como LeDor VaDor o We Care, en Congreso. Aunque con algunos diferenciales, se engloban en general en la idea de "geriátricos de lujo", con estadías que rondan los 400 mil pesos por mes.

Desde el Estado hay escasas experiencias de viviendas compartidas y tuteladas, en municipios como Tapalqué, en Buenos Aires, y Comodoro Rivadavia, en Chubut, enfocados en generar redes antes que dependencias. Y en algunas provincias, por una legislación del Fonavi que establece un cupo mínimo de viviendas para personas mayores, hay departamentos de esas construcciones reservados para uso compartido. 

Y luego están los emprendimientos de grupos de cercanía, en lugares de San Luis, Córdoba, Misiones, guiados por una idea de comunidad. Pero en todos los casos, al no tener un modelo institucional que los sostenga, no se replican en serie.



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Cohousing , viviendas colaborativas , Adultos mayores, PAMI

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