Cultura

Tres poemas revolucionarios de Pablo Neruda

12-07-2018 Comentar

El 12 de julio de 1904 nació Pablo Neruda en Chile, el poeta más grande del siglo XX, cuyos versos siguen dejando su huella en América Latina y el mundo. A 114 de su nacimiento, recordamos en tres poemas su lucha contra la opresión de los pueblos y su derecho a la autodeterminación.




Volviendo a Puerto Pobre

Mientras sube el laurel a las victorias

de Cuba, y brilla por el orbe entero,

una saeta me atraviesa el alma

y vuelve a Puerto Rico mi desvelo.

Puerto Pobre, ¿por qué no tienes voz?

Y ahora que cantaron nuestros pueblos

¿por qué de pronto fue como una herida

la cadena mortal de tu silencio?

Cuando llegó la libertad a Cuba

temblaron las banderas en el viento,

pero faltaba una bandera hermana:

faltaban los colores de tu pueblo.

Cuando cantó cada nación su canto

salido de victoria y sufrimiento

cada voz nacional dijo su estrofa.

Tú bajaste los ojos en silencio 

 

Poema a Augusto Sandino

Aquel amigo

Después Sandino atravesó la selva

y despeñó su pólvora sagrada

contra marinerías bandoleras

en Nueva York crecidas y pagadas:

ardió la tierra, resonó el follaje:

el yanqui no esperó lo que pasaba:

se vestía muy bien para la guerra

brillaban sus zapatos y sus armas

pero por experiencia supo pronto

quiénes eran Sandino y Nicaragua:

todo era tumba de ladrones rubios:

el aire, el árbol, el camino, el agua,

surgían guerrilleros de Sandino

hasta del whisky que se destapaban

y enfermaban de muerte repentina

los gloriosos guerreros de Luisiana

acostumbrados a colgar los negros

mostrando valentía sobrehumana:

dos mil encapuchados ocupados

en un negro, una soga y una rama

Aquí eran diferentes los negocios:

Sandino acometía y esperaba,

Sandino era la noche que venía

y era la luz del mar que los mataba.

Sandino era una torre con banderas,

Sandino era un fusil con esperanzas.

Eran muy diferentes las lecciones,

en West Point era limpia la enseñanza:

nunca les enseñaron en la escuela

que podía morir el que mataba:

los norteamericanos no aprendieron

que amamos nuestra pobre tierra amada

y que defenderemos las banderas

que con dolor y amor fueron creadas.

Si no aprendieron esto en Filadelfia

lo supieron con sangre en Nicaragua:

allí esperaba el capitán del pueblo:

Augusto C. Sandino se llamaba.

Y en este canto quedará su nombre

estupendo como una llamarada

para que nos dé luz y nos dé fuego

en la continuación de sus batallas


A Fidel

Fidel, Fidel, los pueblos te agradecen

palabras en acción y hechos que cantan,

por eso desde lejos te he traído

una copa del vino de mi patria:

es la sangre de un pueblo subterráneo

que llega de la sombra a tu garganta,

son mineros que viven hace siglos

sacando fuego de la tierra helada.

Van debajo del mar por los carbones

y cuando vuelven son como fantasmas:

se acostumbraron a la noche eterna,

les robaron la luz de la jornada

y sin embargo aquí tienes la copa

de tantos sufrimientos y distancias:

la alegría del hombre encarcelado,

poblado por tinieblas y esperanzas,

que adentro de la mina sabe cuándo

llegó la primavera y su fragancia

porque sabe que el hombre está luchando

hasta alcanzar la claridad más ancha.

Y a Cuba ven los mineros australes,

los hijos solitarios de la pampa,

los pastores del frío en Patagonia,

los padres del estaño y de la plata,

los que casándose con la cordillera

sacan el cobre de Chuquicamata,

los hombres de autobuses escondidos

en poblaciones puras de nostalgia,

las mujeres de campos y talleres,

los niños que lloraron sus infancias:

ésta es la copa, tómala, Fidel

 







Telesur

Pablo Neruda, Poeta

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