Cultura

José Larralde: caminante, no hay camino, se hace camino al cantar

28-02-2018 Comentar

A sus presentaciones en Picadilly, en avenida Corrientes o sus “guitarreadas” llegan cientos de personas de todas las edades, gente que lo conoce de los años sesenta o setenta, y jóvenes que llevan en el corazón la experiencia de sus mayores. 




El Pampa José Larralde es un valor ineludible de la canción popular argentina. Resguardado en su mundo personal, único, a veces de difícil acceso, es a los ochenta años, referente de un modo singular de rebeldía frente a un mundo áspero, por momentos intratable. Y lo le escatima a ese mundo una opinión directa, de cierta contundencia, semejante a la que podía decirle en la cara a un militar de la dictadura (como ocurrió cuando el ministro de Videla, el general Díaz Bessone, intentó domesticarlo para su proyecto), y el relato de un universo de anchos campos y oficios que se pierden en el viento reseco del neoliberalismo y la idiotez de muchos.

Su canción lo devuelve luego a un relato humano, que intenta contar que la humanidad está al alcance de unos versos que la revelan y la ponen al alcance de quien quiera no perder esa identidad nacional, de la tierra profunda, de que la surgen milongas, zambas y loncomeos que su público celebrará con aplausos cerrados.

En apariencia él está a la defensiva pero en realidad, bajo esa idea, dibuja en siluetas de sombras de grafito en calma, repasando la línea adusta de su camino con convicción, la vida de Raúl Quiroga, el Tamayo, o de Roberto Molina, el Triste, uno de los hombres en los que se reconoce en su pueblo de Huangelen, allá en Coronel Suárez, en la cercanía de la Sierra de la Ventana.

Estos climas se reconocen en sus presentaciones en Picadilly, en la calle Corrientes, a sala llena, que piden en estos meses, nuevos encuentros con su público en razón de la demanda cada vez que se llena el espacio de sus “guitarreadas”, como las llama. Allí llegan cientos de personas de todas las edades, gente que lo conoce de los años sesenta o setenta, jóvenes que llevan en el corazón la experiencia de sus mayores. Es el caso de Walter Petina, que pasa apenas del cuarenta, y reconoce al Pampa Larralde en el recuerdo vivo de su padre, quien lo escuchaba y guardaba sus long play como reliquias que quedan ahora en sus manos. Y por eso fue a verlo una vez más.

Larralde habla largo, cuenta episodios y a veces remata con una puteada lo que fue un suceso vinculado a un contratiempo. Pide al público que apaguen los celulares y recuerda a presentaciones a las que asistían espías de servicios de (des) inteligencia como aquella ocasión que, en la ciudad de Río Cuarto, los había por decenas en procura de saber que decía ese cantor de caminos y ausencias que se niega al olvido.

Su propia vida parece incomodar a esos burócratas que actúan en la semi oscuridad cuando recoge sus días de changas, o de alambrador, acaso en la esquila o hurgando en la tierra para hallar un peludo o en el agua, yendo por un pez para comer. Parecen incomodarles sus ideas, su reivindicación de ese hombre al que le aniquilan los oficios manuales, sencillos, que hacen a las riquezas de los que no las reparten. Por eso recuerda con afecto y respeto a los anarquistas como don Luis Acosta García o Martín Castro, poetas que vivieron en la incertidumbre de la incomprensión, perseguidos y negados.










Infonews (Alejandro C. Tarruella )

Argentino, Cantor, José Larralde

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