Columna de Opinión

NUESTRA UNIVERSIDAD

16-08-2018 Comentar

La primera vez que ingresé al edificio del rectorado de la Universidad Nacional de Córdoba tenía 17 años. Comenzaba a estudiar Derecho. Ya han pasado más de 30 años y todavía no me he ido. Primero fui estudiante, ahora soy profesor. Recuerdo lo primero que me impresionó al ingresar al edificio.




Era evidente que había sido construido hacía mucho tiempo. El grosor de las paredes - desproporcionado para nuestros estándares - los arcos, la decoración, el mobiliario, todo hacía referencia a un pasado lejano. Siendo joven me impresionaba que personas que no me conocían, muy atrás en el tiempo, hubieran hecho algo por mí: me habían dejado una universidad. 

Desde entonces he visto a nuestra Universidad, la institución pública más antigua de la Argentina, como fruto de un acto de generosidad. Personas de otra época, muchas de ellas anónimas, decidieron crear una universidad para que siguiera educando mucho más allá de que ellos ya estuvieran muertos. Tal vez tenían los medios económicos para educarse ellos o a sus hijos en universidades de Europa. Pero no pensaron sólo en ellos, sino que pensaron en todos los que vendrían después, incluido yo. Estaban preocupados por darles a los que todavía no habían nacido mejores oportunidades y condiciones de vida de las que ellos habían tenido. 

Hoy nuestra universidad, nacida de ese acto de generosidad que ya tiene cuatrocientos años, está en crisis. No es extraño. No lo es, porque el fundamento de las políticas del actual gobierno nacional es exactamente el opuesto a aquel acto de donación primigenio. No es extraño que un gobierno que endeuda de modo descabellado a los ciudadanos que vendrán, para sostener la fuga de divisas, ponga en crisis a nuestra universidad. El endeudamiento externo es un acto egoísta por el cual algunos hoy se apropian de la riqueza de quienes nos sucederán en el futuro y deberán pagar la deuda contraída. Los dólares que desde hace más de dos años se fugan de la Argentina – solamente hoy el Banco Central ha liquidado 781 millones de dólares de la reserva – son los mismos que ingresan por el endeudamiento que otros en el futuro pagarán. 

El endeudamiento externo contraído por un gobierno indecente y moralmente insignificante es un acto de avaricia irracional que se opone frontalmente a las acciones de aquellos que nos legaron nuestra universidad. Mientras nuestra universidad nació de quienes generosamente se preocuparon por garantizar el bienestar de personas que sabían que nunca iban a conocer, el actual gobierno vacía los bolsillos de quienes todavía no existen para llenar hoy los de otros con los dólares que se llevan.

Por eso no extraño que la institución pública más antigua de la Argentina se encuentre en crisis. No es extraño que sus docentes hayan sido humillados con salarios que los ubican por debajo de la línea de pobreza, ni que, a modo de burla, se les haya ofrecido un 15% de recomposición salarial sabiendo que la inflación, fruto de las políticas gubernamentales, será de más del 30%. No es extraño que nuestra universidad se encuentre asfixiada por la falta de presupuesto provocada por un gobierno que disminuyó en un 20% la participación que los gastos en ciencia y técnica tienen en los gastos totales del Estado. 

No es extraño que nuestra universidad hoy padezca una crisis porque cuando un país es gobernado por funcionarios indignos cuya única virtud es la avaricia, el destino de las instituciones dignas y generosas - y la de aquellos que las conforman – no puede ser otro que el padecimiento.











Hugo Seleme

Universidad

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