Columna de Opinión

Inicio atroz, futuro abierto

06-01-2019 Comentar
Jair Bolsonaro, peor que una pesadilla. Todas las derechas en un solo cuerpo. Capitalismo y democracia, una pareja despareja. Devenir desde la caída del Muro. Las Torres Gemelas, la crisis de 2008, hitos de la ofensiva reaccionaria. Elecciones polarizadas, una tendencia. El extraño peso de los indecisos. Lluvia de elecciones provinciales, antes del invierno.





Por Mario Wainfeld


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El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, asume el primer día del año. Velozmente reduce el salario mínimo vital y móvil, anuncia que privatizará “todo”, inicia una caza de brujas en la administración pública contra “comunistas y socialistas”, prescinde de sillas y sillones rojos. Lo entornan militares que claman contra la bandera roja y una ministra que insinúa uniformar a los nenes de celeste y las nenas de rosa. La combinación entre ultra derecha política y neoconservadorismo económico parece una pesadilla, una distopía. Si se le pone onda, acaso una fantasía excitada de Roberto Fontanarrosa o de Diego Capusotto. Resulta peor que una pesadilla; una realidad cruel, por ahí extrema... pero de ningún modo descolgada del contexto y de la tendencia global. 

Querido por sus votantes, remedo a la brasileña de su colega norteamericano Donald Trump, Bolsonaro existe y manda en la principal potencia de la región, el vecino-hermano de Argentina, su mayor contraparte comercial. 

Desde la caída del Muro de Berlín el capitalismo y la democracia representativa dominan la escena. Conviven malamente, uno crece, la otra pierde gravitación, eficacia, legitimidad. El capitalismo deviene cada vez más salvaje, las democracias cada vez más degradadas e insatisfactorias para las mayorías.

En un libro deslumbrante –“Melancolía de izquierda”– el historiador italiano Enzo Traverso repone el recuerdo de Francis Fukuyama, quien pronosticó “el fin de la historia” tras la caída del Muro de Berlín. “Su hegelianismo optimista... ha sido criticado pero el mundo surgido del final de la guerra fría yla caída del bloque soviético era desesperantemente uniforme”. Con nuestras palabras: Fukuyama la pifió, tal vez, por creer cristalizado ese estadio pero no al describirlo. En jerga podría apuntarse que confundió “la foto” con la película aunque esa metáfora socorrida peca por omitir que el presente es más el fotograma de un film que una imagen descolgada.  Traverso cita al filósofo marxista Donald Jameson: “hoy es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”.

Proteico, adaptable, insaciable creador de desigualdades y nuevas formas de explotación, el capitalismo no conoce casi alternativas y los sistemas políticos cada vez están más lejos de ponerle coto, proteger a las mayorías, atenuar las desigualdades y las violencias.

Discriminador, racista, xenófobo, personalmente ignorante, agresivo, soez hasta para pestañear, Bolsonaro es novedad solo por implantación geográfica. Impera en la tierra cuya hegemonía política era pulseada, ayer nomás, entre los ex presidentes Lula da Silva y Fernando Henrique Cardoso.

Cuando usted se despierte mañana, Bolsonaro y Trump, tantos líderes europeos estarán ahí. Cada cual con su idiosincrasia, trayectoria y contrapesos locales pero expresivos de una decadencia política que atañe al centro del mundo y se proyecta a nuestro vecindario. 


Con votos, con trampas:


Etapas de la decadencia:


La era de la polarización:


Página 12

Macri, Jair Bolsonaro, Capitalismo, Democracia

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